Lo Literario Indígena

América: Legado Cultural
Del Signo dibujado a la Palabra
Relatos Míticos de Colombia Aborígen

América: Legado Cultural

América, escenario en el que se ha desarrollado la vida de miles de hombres desde los orígenes de su poblamiento en la lucha por la supervivencia; aparición consecutiva de pueblos que desde un tronco común, al desarrollarse en medios naturales muy disímiles y en circunstancias muy diversas, dieron lugar a diferentes culturas e imperios, en su mayoría de considerable antigüedad y significación universal.

Si ninguna cultura ha escapado al interrogante sobre sus orígenes, América no es la excepción, ya que ante tal variedad cultural, los estudiosos quieren profundizar en el conocimiento de las culturas indígenas, en búsqueda del homotipo, del tronco común, de los rasgos compartidos y en último término, de la americanidad e identidad de todos; búsqueda que tampoco escapó a las culturas aborígenes que siempre se interrogaron, proporcionando una explicación mítica donde los hombres se relacionan con los dioses y con unos lugares, por lo general distantes y distintos a aquellos en que habitan, conformando toda una concepción del hombre y del mundo.

La agricultura provoca una serie de cambios en la organización social y en las formas de vida: nomadismo y sedentarismo, permitiendo este último, más tiempo para las actividades domésticas y creativas: pule la piedra, construye viviendas, almacena la cosecha, fabrica utensilios de barro, teje sus propias vestiduras, y primordialmente, a través de los ritos funerarios, concretiza su concepción del universo y del papel que cumple en el mundo; para ello, construye templos y celebra sus cultos. Por último, con el avance de las técnicas empleadas en la agricultura, se da origen a las grandes ciudades en las que ya podemos encontrar toda una organización establecida, desde el punto de vista social, político, económico, religioso y cultural en sus diferentes manifestaciones artísticas, tales como la pintura, la cerámica y la alfarería, el tejido, la danza, la música y el canto, y por intermedio de la tradición oral, la conservación de los diferentes mitos y leyendas, que poseen en su gran mayoría, un elevado sentimiento estético-literario.

Al producirse la llegada de los europeos a nuestra geografía, las grandes culturas precolombinas ya tenían un elevado estado de desarrollo y un amplio y estructurado sistema de pensamiento: ideas y valores que expresan una cosmovisión y una bien definida concepción del hombre, de lo mágico-religioso y de las diferentes dimensiones de lo humano. Ahora bien, estas manifestaciones de profundo sentido estético, que están representadas en múltiples expresiones artísticas; escultura, cerámica, orfebrería, poesía, música, etc., no se pueden concebir aisladamente, por el contrario existe una correlación y una reciprocidad entre ellas; la poesía y la tradición oral por ejemplo, necesariamente están acompañadas de música, danzas y canciones asociadas a las máscaras que pintaban con figuras alusivas a sus ritos y ceremonias religiosas.

La imaginación de nuestros antepasados indígenas no tenía límite. Así, aunque no conocían el hierro se las ingeniaban valiéndose de diversos materiales como la madera, la arcilla, la piedra, etc., para poder fabricar diversas herramientas y utilizarlas en la minería, en el trabajo de la tierra y en la elaboración de tejidos. En cerámica y orfebrería utilizaban arcilla, cobre y oro, o la aleación de estos dos últimos (Tumbaga). Podemos apreciar en la cultura Quimbaya, los denominados Poporos con motivos antropomorfos, fitomorfos y zoomorfos.

En la estatuaria, la cultura más representativa es la de San Agustín. Sus manifestaciones artísticas son producto de un largo proceso de cerca de dos mil años, que expresan y contienen simbologías y significados comunes a poblaciones indígenas de América, desde México hasta el Perú. Su ubicación geográfica cerraba el acceso de visitantes enemigos; esto explica cierto hermetismo y estabilidad en los mitos y costumbres. San Agustín fue, ante todo, un centro ceremonial y religioso o lugar utilizado con exclusividad, como necrópolis, para enterramientos de poderosos jerarcas. Cada una de las esculturas, responde a distintas concepciones; también hay diversos estilos que reflejan imágenes de hombres y de dioses asociados con animales como el jaguar, la serpiente, la ardilla y el pescado.

En general, las nuevas formas de vida de nuestras culturas impulsaron, aún más, el desarrollo económico, social político y cultural (valores espirituales, morales, religiosos y artísticos). No solamente se crearon diversas actividades y oficios sino que, con el contacto social, por un lado, a través de los ritos religiosos se establecía un espacio vital que posibilitaba la expresión de la música, la danza, la máscara y el disfraz, producto de toda una colectividad o de una individualidad que se posesiona de la palabra como manifestación colectiva; por otro, el lenguaje se hizo más perfecto -en cuanto a estructura y vocabulario- y con una mayor riqueza temática para la formulación de sentimientos generales y abstractos, de formas de pensamiento con una gran preocupación estética; como consecuencia de ello y por intermedio de la palabra aparecieron ideas intelectuales más complejas que necesariamente estaban asociadas con la vida y la cultura, la relación mágico-religiosa con la naturaleza, y la vivencia mítico-ritual de la colectividad. La fantasía ejemplar que aparece en los mitos y leyendas de nuestras culturas, nos está demostrando, que estamos ante una innegable y estructurada literatura que posee capacidad de conmover y sorprender; cualidades indispensables a toda auténtica manifestación del espíritu. En suma, nos encontramos frente al desentrañamiento de lo nuestro literario o literaturizado.

Del Signo dibujado a la Palabra

El punto esencial es que las literaturas no consisten en escritos sino más bien en palabras. El arte de usar palabras en las composiciones orales precede al arte de escribir y no ha sido totalmente reemplazado: así por ejemplo, las primeras poesías y mitologías de Grecia e India, fueron cantadas o recitadas antes de ser asentadas como material de escritura. Existen también muchos cantores y cuentistas iletrados no sólo entre las tribus de la selva amazónica y en las montañas o valles andinos de Colombia, sino del resto de América, y en general por todo el mundo.

Es de aclarar, que todas aquellas culturas aborígenes que habitaban el territorio colombiano a la llegada de los españoles y que hablaban diversas lenguas, no dejaron una literatura escrita en el sentido estricto de la palabra, pero sí dejaron una muestra gráfica. Son los llamados petroglifos y pictografías, piedras que usadas a manera de tablero por el aborigen colombiano llevan cinceladas sus inquietudes mágico-religiosas y sucesos cotidianos y de la historia de sus pueblos: existen representaciones geométricas como el rombo, el círculo concéntrico y la espiral. zoomorfas: rana, serpiente, lagarto. Y otras fitomorfas y antropomorfas. Lo invitamos a visitar el Museo del Oro.

La Literatura Oral

Por no poseer nuestros indígenas un sistema de escritura concretamente establecido que haya conservado con fijeza sus expresiones poéticas o literarias, cabe preguntarse de qué manera o en qué sentido nos podemos referir a la literatura indígena colombiana. Es claro que ni la existencia de una literatura ni la ausencia de ésta suponen la negación de una creación verbal o imaginativa.

Como en otras grandes civilizaciones de la antigüedad, la literatura colombiana fue originalmente oral. Con el fin de apreciarla, debemos recurrir a textos tradicionales que fueron fijados cuando se estableció la costumbre europea de poner por escrito, las narraciones orales.

Descartando por tanto, la pretendida necesidad de encontrar documentos escritos para poder hablar de literatura indígena colombiana, la tradición oral se nos presenta como la principal fuente que puede ser utilizada para la construcción del pasado, en especial de la palabra viva.

Las culturas sin escritura tienen una memoria sólidamente desarrollada y transmiten sus tradiciones en una forma oral fuertemente encadenada por fórmulas, donde se plasma la necesidad de crear un espacio a la fantasía e imaginación del narrador, a su deseo de ofrecer un testimonio, de satisfacer el deseo de sensación de toda la colectividad y de acrecentar el placer que él mismo siente en su relato, persiguiendo un objetivo estético, ético y didáctico.

La palabra surge alternativamente con una idea del mundo, donde sólo es posible expresarla colectivamente en el rito, en el mito, en el baile, en la fiesta y el drama; ella actúa protegiendo y estabilizando a toda una colectividad y al individuo.

El relato mítico, el poema, el drama, no son creados como textos literarios en sí; la palabra viva, cumple una función fundamental y creadora, poderosa y espontánea. Emerge ante todo, y llena de poesía, frente a una serie de ámbitos como la vivencia trágica y dinámica, contradictoria y radical de la realidad, la fusión de la musicalidad y el ritmo de la naturaleza con la palabra, las relaciones del individuo con el grupo y de éste con su realidad material, en suma, por la fantasía y emoción que encierra su discurso y que convive con su realidad social, la cual maneja ampliamente su conocimiento, su pensamiento y su práctica social.

La palabra viva se mantiene como condición regeneradora, a través de la tradición oral. Hasta el presente, el relato mítico ha tenido un tratamiento científico y antropológico, en su funcionalidad mitológica. Los mitos indígenas no han sido suficientemente estudiados en su funcionalidad literaria; es decir, teniendo en cuenta los elementos literarios que subyacen en ellos: presencia de un narrador, metáforas, relatos incluidos dentro de la narración.

Existen muchos ejemplos de formalización literaria del relato mítico. Cada uno se caracteriza por el predominio de puntos de vista, estilos e imágenes que expresan modos de ver la realidad característicos del hombre indígena.

En el ámbito latinoamericano, encontramos "Hombres de Maíz" de Miguel Angel Asturias, profundo conocedor de la mitología Maya-Quiché. En la obra, el mito se nos entrega como un ser vivo que cambia y sufre mutaciones de acuerdo con las nuevas condiciones históricas. El maíz como símbolo, representa al hombre que según el Popol-Vuh dio origen a los primeros hombres.

Relatos Míticos de Colombia Aborígen

En Colombia, hay relatos míticos que en la actualidad, todavía son narrados por la tradición oral. Veamos algunos ejemplos de aquellos que tienen una mayor unidad narrativa, tratando de abarcar en lo posible, el mayor número de comunidades indígenas.

Relatos de los indígenas kogui: "La creación" y "Sintana"; relatos de los indígenas Chimila: "La mala mujer", "El hombre que soñó con un caimán"; relatos de los indígenas Sibundoy o kamsá: "Cuento sobre el hombre que hizo la cocha de Sibundoy", "La leyenda del señor tigre"; relatos de los indígenas kunas: "Por qué la luna tiene la cara manchada", "El tigre y el fuego"; relatos de los indígenas Guahibo: "Ibarrua (el caimán)", "El pescado"; relatos de los indígenas Guayabero: "Lamman", "Mitología guayabero", "Kuwoi"; relatos de los indígenas Barasana: "Historia de la luna", "Tigre y yague"; relato de los indígenas Desana: "mito de la creación"; relatos de los indígenas Murui-muinane: "Historia de la creación", "Historia de Llaroca Amena", "Historia de Jirallahuma", "Historia del chontaduro"; relatos de los indígenas Emberá: "Jeropotowarra", "Jinupoto"; relatos de los indígenas Chamí: "Jinapotabar", "Borocande" (la casa de la cabeza arrancada), "Karabi".

Junto a los anteriores relatos, existen otros tales como: "Los tres hermanos" de los Guajiros; "El Trueno" de los Paeces; "El Diluvio" de los indios Chocós; "Sobre la creación del mundo" de los Catíos de Antioquia y Chocó; "El trueno Dios" de los Pijaos de Tierradentro; "Pirrarro" de los Puinabes del Inírida; "Chiminigagua: creación del mundo" de los Chibchas. Y el mito de Yurupary.

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Para profundizar más acerca de la Literatura Indígena Colombiana:
Literatura Viva Aborígen en Colombia
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Autor: Carlos Bernal Granados